Soy Laura García, directora de Exportación de Ibéricos Torreón, y hoy quiero contaros una historia que me ha tocado especialmente. Porque no todos los días te encuentras en mitad de una plaza de un pequeño pueblo salmantino, pujando por una pata de jamón ibérico con visitantes venidos del otro lado del mundo. Y mucho menos cuando esa pata acaba siendo una promesa de futuro, de amistad… y de un jamón ibérico de los que hacen historia.
Todo empezó en febrero, cuando el equipo de Roads & Kingdoms, conocidos por sus relatos de gastronomía y cultura con alma, organizó un viaje muy especial a Salamanca. Durante una semana, exploraron lo mejor de nuestra tierra: la ciudad y sus gentes, la piedra dorada y tapas infinitas, y el campo, esas dehesas donde se cría el cerdo ibérico con respeto y paciencia, y pudieron disfrutar de nuestra exclusiva Experiencia Gourmet Torreón.
Pero el clímax del viaje fue en Guadramiro, una aldea de apenas 158 habitantes donde la tradición late con fuerza. Allí nos unimos a una de esas costumbres que parecen detenidas en el tiempo: la Matanza. Para quienes no la conocen, la matanza del cerdo era —y en muchos pueblos sigue siendo— una gran celebración familiar y comunitaria. Se reúnen vecinos, se cocina, se ríe, se comparte, y se aprovecha absolutamente todo del cerdo, porque nada se desperdicia de este animal noble.
En Guadramiro, la tradición tiene un giro emocionante: cada parte del cerdo se subasta en plena plaza. El animal recién sacrificado se coloca en el centro y, con precisión y solemnidad, los carniceros lo van desmembrando. Cada pieza se convierte en un trofeo. Y os prometo que la puja es de esas cosas que aceleran el corazón. ¡Y lo que pudimos reírnos todos juntos!

Alejo Sabugo, el anfitrión de Roads & Kingdoms, y el grupo de americanos que le acompañaba, se dejaron contagiar por el ambiente. No sabían muy bien en qué se estaban metiendo… hasta que se vieron pujando a mi lado… o yo al lado de ellos… por una espectacular pata de jamón, ¡¡¡de 19,600 kg!!!. Y ganamos. Ganamos juntos. Allí, en esa pequeña plaza castellana, llegamos a un sabroso acuerdo: Ibéricos Torreón cuidaría de esa pata durante los próximos cuatro años, mimándola paso a paso hasta convertirse en un auténtico jamón ibérico de calidad excepcional.
Hoy esa pieza ya está en nuestras manos. El viaje del jamón ha comenzado. Primero, reposo en frío calculado al milímetro. Después, el perfilado, ese momento en que se le da su silueta definitiva, con el característico corte en V. Luego, la sal: 16 días enterrado en sal marina de Alicante, un día por cada kilo, a 3 grados y con un 90% de humedad. Aquí empieza la magia.
Cuando sale de la sal, lo lavamos con mimo, eliminando cada grano restante. Llega entonces el post-salado, unos meses de reposo en los que la sal sigue actuando y el sabor empieza a susurrar. Y más tarde, el paso más largo y también el más delicado: los secaderos naturales. Allí pasará los años, colgado, en silencio, dejándose transformar por el tiempo, el aire y el saber hacer de nuestros maestros jamoneros, que atenderán su evolución para que todo sea perfecto.
Durante siglos, la matanza ha sido mucho más que una técnica de conservación: ha sido una celebración de la vida rural, una manera de compartir, de cuidarse en comunidad. Hoy, aunque muchas cosas han cambiado, seguimos honrando esa tradición con respeto, adaptándola a los tiempos sin perder la esencia.
Y sí, Roads & Kingdoms volverá. Ya han reservado su viaje del 1 al 8 de febrero de 2026. Volverán a Salamanca para reencontrarse con la ciudad, con sus sabores… y con nosotros y su jamón. Porque no solo compraron una pata. Se llevaron una historia. Una que, durante cuatro años, iremos escribiendo juntos desde Ibéricos Torreón.
Y vosotros, ¿nos acompañáis en este viaje?