El viaje internacional de Torreón: La aventura de llevar el ibérico salmantino por el mundo

El viaje internacional de Torreón: La aventura de llevar el ibérico salmantino por el mundo

Hay algo mágico en pensar que una pieza curada pacientemente en nuestros secaderos de Villares de la Reina termina presidiendo una mesa en Tokio, un evento exclusivo en Ciudad de México o un restaurante gastronómico en Bangkok. Exportar jamón ibérico no es sólo una transacción comercial; es, sobre todo, un ejercicio de traducción cultural.

Para conocer a fondo qué significa llevar nuestra tradición más allá de nuestras fronteras, nos hemos sentado a charlar pausadamente con Laura García, Socia y Directora de Exportaciones de Ibéricos Torreón. Con ella repasamos cifras, retos, anécdotas divertidas y esa pasión incansable por hacer que el mundo entienda el valor incalculable de nuestra dehesa.

Hoy en día, Ibéricos Torreón está presente en más de 35 países. Lo que empezó como una búsqueda de horizontes se ha consolidado como una red diversa y sólida que abarca desde la Europa más tradicional hasta rincones de América y Asia.

Mercados como China, México, Canadá, Colombia, Perú o Serbia han demostrado una acogida extraordinaria. Sin embargo, no todos los países consumen ni sienten el ibérico de la misma manera, y vamos a contar algunos detalles como ejemplo:

  • Europa (con Italia a la cabeza): Vive el producto de manera muy similar al ritual español. Valora el corte fino, los momentos compartidos en torno a una mesa y el origen artesanal.
  • América: Cuenta con el impulso de la comunidad hispana como embajadora natural. A partir de esa conexión emocional, el consumidor local descubre el ibérico como una experiencia diferencial tanto en la alta restauración como en el hogar.
  • Asia: El ibérico se ha erigido como un auténtico símbolo de lujo gastronómico, ligado a regalos corporativos de gran formato y experiencias gourmet exclusivas.

«Lo más fascinante de la exportación es comprobar cómo el jamón ibérico consigue generar una conexión emocional en culturas tan distintas. Se convierte en un lenguaje gastronómico universal que no necesita traducción», explica Laura García.

Japón, Tokio y el recuerdo de los primeros faxes

Si hay un país que ocupa un lugar de honor en la memoria emotiva de Torreón, ese es Japón. Fue la segunda empresa española en conseguir la homologación para exportar allí en el año 2000, cuando el mercado cárnico nipón abría sus puertas por primera vez.

Para Laura García, aquel hito trasciende lo corporativo: coincidió exactamente con su incorporación a la empresa. Su primer viaje internacional fue a Tokio, acompañando a su padre con la maleta llena de ilusión y la incertidumbre de adentrarse en un mundo desconocido.

A principios de los 2000, la tecnología no era la de hoy. Los pedidos desde Tokio llegaban a las oficinas de Villares de la Reina por fax. La hoy Directora de Exportaciones recuerda como ver salir aquellos folios repletos de caracteres japoneses era un contraste casi poético con la tradición artesana del secadero. Aquel esfuerzo pionero abrió una relación de profundo respeto y admiración mutua que perdura hasta hoy.

De la pezuña en el stand a la revolución del loncheado de 50g

Abrir mercado no siempre es fácil. Laura García nos cuenta entre sonrisas cómo en sus primeras ferias en Asia (como FOODEX Japan), viajaban "con lo puesto": la pieza entera de jamón sobre el jamonero. En aquel momento, los compradores no sólo no sabían cómo cortarlo, sino que se acercaban a tocar la pezuña extrañados para comprobar qué era aquello. Acostumbrados a viviendas con espacios reducidos y compras diarias en porciones pequeñas, una pata de 8 kilos resultaba inalcanzable e incomprensible.

«Nos ocurrió algo muy parecido a cuando el sushi llegó a España. Tuvimos que entender que no podíamos exigirles consumir como en Salamanca. Adaptarnos nos llevó a crear sobres de 50 gramos con lonchas perfectas. Invertimos en maquinaria, tecnología y diseño. Al final, la exigencia de los mercados internacionales nos enseñó a perfeccionar nuestro propio producto», explica.

Y es que la internacionalización deja estampas inolvidables. En el lado de las sorpresas pintorescas, Laura García también recuerda haber visto jamón ibérico introducido en un microondas en Chile, porque ¡pensaban que la grasa entreverada significaba que estaba ‘poco hecho’!; servido con picante en Tailandia, con wasabi en Japón o degustado ‘finamente’ con cuchillo y tenedor en Italia, al estilo del prosciutto.

Sin embargo, la pedagogía y la labor de los cortadores profesionales han obrado milagros. Durante una degustación en Bangkok, un visitante probó temeroso su primera loncha de bellota. Al notar cómo se fundía en la boca, se quedó unos segundos en silencio, miró al equipo y exclamó: «Esto no es jamón, es otra cosa». Pasó el resto del día regresando al stand acompañado de diferentes amigos para ver sus reacciones, convirtiéndose en el mejor embajador improvisado de la marca sin hablar una sola palabra de español.

Cuesta explicar este mundo… tanto que cuando la Directora de Exportaciones de Torreón viaja a reuniones comerciales o imparte formaciones a equipos de ventas internacionales, nunca faltan en su equipaje fotografías, vídeos... ¡e incluso alguna bellota en el bolsillo! Y es que fuera de España hay tres conceptos entrelazados que cuesta hacer entender si no se han vivido en primera persona:


La Montanera: Explicar que el animal vive en libertad absoluta y que las bellotas sólo caen durante una época muy concreta del año.

La Dehesa: Presentar un ecosistema único en el mundo, fruto del equilibrio entre la naturaleza y la mano del hombre durante siglos.

El Corte a Cuchillo: Frente a la búsqueda de la uniformidad industrial perfecta a la que están acostumbrados en otros países, defender el arte del corte manual como la máxima expresión del sabor.

Por eso no hay duda de que detrás del brillo internacional hay años de trabajo administrativo implacable. Mercados como México (2005), China (2008) o Japón (2000) exigieron homologaciones complejas. Laura García recuerda con orgullo inspecciones minuciosas donde técnicos internacionales revisaban con linterna hasta el último rincón de las salas de despiece en Villares de la Reina. Pasar esos filtros cuando muy pocas empresas lo lograban fue la mayor prueba del rigor sanitario y la excelencia de Torreón.

Hoy, todo lo vivido se refleja en lo conseguido, los mercados internacionales concentran el 35% de la facturación total de Ibéricos Torreón, consolidándose como un pilar estratégico para equilibrar la demanda y construir marca en el segmento gourmet global.

¿Y hacia dónde mira ahora Torreón? El equipo ya está trabajando en horizontes tan exigentes como apasionantes: los Emiratos Árabes Unidos, un mercado clave por su restauración de lujo pero de compleja adaptación cultural y regulatoria; y diversos países de África, donde el desarrollo del canal hotelero y turístico abre oportunidades prometedoras para el sector premium.

Exportar para Torreón no es sólo llevar un producto en un contenedor; es enviar un pedacito de nuestra tierra, de nuestro clima y del tiempo que dedicamos a cada pieza. En cada rincón del mundo donde alguien disfruta de una loncha de nuestro ibérico, se siente el espíritu de Salamanca.